En casa

19 10 2008

Ayer recordaba cuando me mudé a Madrid, hace tan sólo trece meses. Salí de Atocha con una maletilla y un portátil y cogí un taxi que me llevaría a Noviciado, el primer sitio en el que viví. Al ir subiendo por el Paseo del Prado me sentía feliz, muy feliz. Me recuerdo a mi misma mirando a través de la ventanilla con los ojos muy abiertos y una sonrisa nerviosa. Sabía que esa ciudad guardaba muchas cosas buenas para mi, y las tenía más cerca que nunca. No me equivoqué.

Ayer volvía a Bucarest después de una semana de cientos de kilómetros por distintas ciudades dentro del país. Y volví a tener esa sensación. Las avenidas que al principio parecían todas grises e iguales, ahora ya tenían nombre; la rotulación de las tiendas no me parecía tan estridente, incluso era legible; los cables no eran tantos, alguien me esperaba para cenar y tenía ganas de llegar a mi casa. Hace sólo seis semanas mi hogar estaba a varios miles de kilómetros de aquí, pero hoy ya me siento en casa. El sol baña mi salón y Peyroux suena mejor que nunca.





El barrio donde habito…

14 10 2008

… no es ninguna pradera,

desolado paisaje de antenas y de cables.





Pequeñas cosas que hacen que la vida (dentro de un taxi) merezca la pena

13 10 2008

11:35 Otopeni (Bucarest, Rumania)

S: “Sector trei”

T: Da!

S: Sí mamá, acabo de bajar del avión, estoy en un taxi, para variar. Sí todo bien. No, no he conseguido hablar con ella. ¿Puedes darme el número de Buenos Aires?. Ok, gracias. Hasta mañana. Adios.

T: Are you spanish?

S: (qué remedio) Eh… sí… disculpe tengo que hacer otra llamada.

Intento mirar cuánto marca el taxímetro… pero… ¡no hay taxímetro!

S: Esto… disculpe que me entrometa yo en lo que es su modo de ganarse la vida y tal, pero… ¿dónde c*ñ* está el taxímetro?

T: Ah, no te preocupes, no hay, pero no te va a costar tanto

S: ???

T: Sólo 120 LEI

S: 120 LEI? Pagué 40 el jueves para venir al aeropuerto. No te voy a pagar 120 LEI.

T: A mi el aparcamiento me cuesta 20 LEI

S: No es mi problema. Te voy a dar 40 LEI, si no estás de acuerdo, para el taxi y me bajo.

T: 40 LEI?, 100 LEI me parece algo más justo.

S: Pare el taxi

T: Ok, no te enfades…

Abre la guantera y tachaaaaan… aparece un taxímetro con ventosas en su parte inferior.

T: ¿No querías un taxímetro? Ahí lo tienes.

S: XDDDDDDDDDDD.

T: Muchas gracias! Me ha hecho usted muy feliz.

(Finalmente me costó 50 LEI. Y sí, en Rumanía, además de taxis, hay otras cosas, pero con tanta carrera no me da tiempo a ver nada.)





Matei (sí, otro taxista)

9 10 2008

Servidora: “Buna sera. Aleea Alexandru”
Taxista: Ok. No eres rumana, ¿verdad?
S: (Usté tampoco es de Écija y yo no le digo nada). Nu, eu nu sunt romana.

Como es obvio que mi rumano no da para mucho más, el tipo sigue en inglés.

T: Eres española, ¿verdad?. Yo he ido mucho a España.
S: ¿Has trabajado allí?
T: Señorita, los rumanos no vamos a España sólo a trabajar.
S: Perdone…
T: Iba con la selección nacional de judo. Ya no compito aunque sigo practicándo. Ahora vuelvo de vez en cuando a pescar en Castilla León
S: Aham… (???)
T: Aquí pesco en los lagos, pero me gusta más hacerlo en España, por 600 euros te pegas una semana estupenda allí.

En ese instante se pone a nuestra altura un Rolls Royce. Desde la luna trasera vemos el TFT que van visionando desde su interior

T: ¿Ha visto ese coche?
S: Sí, ya he visto más de uno. Hay gente con mucho dinero por aquí.
T: Sí, todos son antiguos militares y políticos del régimen, que trincaron mucha pasta cuando se privatizaron algunas de las empresas estatales. Pero vamos, que el que va en ese coche es un mafioso. Que lo sepa usted. En ese y en todos los coches caros que vea por aquí.
S: Ya veo…
T: ¿Sabe usted? La dictadura aquí tuvo cosas buenas. En general todas lo tienen. Cosas buenas sobre el papel, pero difíciles de aceptar por el pueblo. Por ejemplo, cuando yo era pequeño, el colegio era obligatorio, y si un padre no llevaba a sus hijos, era encarcelado. La educación era muy buena, aprendíamos inglés, francés, ruso y alemán. Ahora la educación es una mierda.
S: Si yo le contara lo que se cuece en otros lares…
T: Yo es que soy muy nacionalista ¿sabe usté?
S: Bueno, ya hemos llegado
T: Oiga, tome mi tarjeta y le sigo contando la historia del país, que usté tiene mucho que aprender
S: Gracias, gracias…





Sandu

4 10 2008

Tengo una reunión y me dispongo a coger un taxi. Antes de subir, hay que decirle al taxista hacia dónde vas, porque es posible que te diga que “no está en su trayecto” y no quiera llevarte.

Servidora: “Buna ziua. Piata Dorobanti?”

Taxista: Da!

(Es obvio que no soy rumana, así que me aborda en italiano)

T: ¿Hablas italiano?

S: Sí, claro que sí, pero no soy italiana

T: ¿Española?

S: Sí…

T: Tengo una hija en España que da clases de inglés en Barcelona

S: ¿Y cómo que hablas italiano?

T: Estuve trabajando en el norte de Italia un par de años, con un camión. Tengo otro hijo que es abogado, ¿sabe?

S: Aham…

T: ¿Y hace mucho que estás en Rumanía?

S: No mucho, la verdad

T: ¿Te gusta Rumanía?

S: Sí, me ha sorprendido positivamente

T: Si supieras cuánto ha cambiado Rumanía…

S: ¿Sí? ¿Ha cambiado mucho?

T: Uhhh… muchísimo. Hace unos 30 años, cuando poníamos la tele, escuchábamos durante horas y horas “¡Viva Ceaucescu! ¡Viva Rumania!” y sólo podíamos follarnos a nuestras mujeres en una posición… (decía mientras gesticulaba con las manos dándome a entender la postura del misionero)

S: ¡Jajajaja!, ¡no me diga!

T: Sí, pero afortunadamente aquello terminó y pudimos empezar a dar por detrás a nuestras mujeres

S: ¡Jajajajaja!

T: La primera vez que le di la vuelta a mi mujer me dijo: ¡Pero Sandu! ¡que me estás haciendo!, ¡¡¡que yo no soy ninguna puta!!!

S: ¡¡¡JAJAJAJAJA!!!

T: Por cierto, mi nombre es Sandu

S: Encantada

T: Me gusta mucho mi mujer, después de veinticinco años casados todavía sigue dura…

Seguimos hasta mi destino y mientras me dice que además del taxi tiene un bar, y que me invita a conocer a su familia y amigos.

T: Ahí en el ticket tienes mi teléfono

S: Sí, sí… gracias… hablamos…