Desde que tengo uso de razón recuerdo haber visitado siempre algún cementerio el Día de Todos los Santos. Supongo que mi recuerdo no difiere mucho del de cualquier otro español: unos minutos delante de los nichos de los familiares y, por lo general, un día melancólico si te dejas sugestionar por las flores y los mármoles.
Los cementerios empezaron a fascinarme la primera vez que viajé a Italia. Tenía catorce años. Anochecía al paso por la Costa Azul francesa y de repente fueron apareciendo miles de lucecitas sobre una cruz, al lado de una lápida… una puesta de sol maravillosa y el Mediterráneo como fondo. Recuerdo que me alcé sobre mi asiento mirando por la ventanilla de atrás, intentando apurar hasta el último detalle antes de que aquella imagen desapareciera de mis ojos.
A partir de ese momento, cada vez que he conocido una ciudad por primera vez, he visitado alguno de sus cementerios: Sevilla, Salamanca, Madrid, Milán, Génova, Roma, Lisboa… ¡Se traslucen tantas cosas a través de una lápida!. Socialmente, culturalmente, las modas según los periodos históricos, …
Miré el plano de Bucarest antes de salir de casa , y descubrí cuatro cementerios situados en el cruce de dos grandes avenidas: Soseaua Giurgiului y Calea Serban Voda.
El primero en honor de los caídos en la Revolución: Cimitirul Eroii Revolutiei. Las víctimas de la Revolución, en gran número jóvenes que rondaban la veintena, están muy presentes en todas las ciudades y pueblos de Rumania, a veces incluso fuera de los mismos cementerios, en mitad de la plaza mayor en una pequeña zona ajardinada. Apenas han pasado veinte años y el recuerdo está muy vivo.
Tras éste, el Cimitirul Bellu. Uno de los más grandes y famosos del país (o eso dicen). Tropecé con la tumba de Lia Manoliu, que obviamente no sabía quién era, pero tenía esculpidos los aros olímpicos en la lápida. Me pregunto si la belleza de los millones de colores y matices se verán superados en invierno cuando la nieve lo cubra todo. Habrá que volver.
En frente el Cimitirul Israelit. El más austero, el más carente de ornamento. Y justo al lado, el Cimitirul Evanghelic-Lutheran, donde descansan los descendientes de muchos de los alemanes que comenzaron a asentarse en Rumania desde el siglo XIII.
Estaba echando las últimas fotos cuando me llamó la atención un grupo de personas que empezaban a poner cosas sobre una tumba. Preparaban el almuerzo. Había pan, vino, paté, carne… Todos reían mientras empezaban a comer, unos de pie, otros sentados entre las sepulturas. Me acerqué y, en mi pobre rumano –y cámara en ristre-, les expliqué que estaba sorprendida por lo que estaba viendo, que si podían contarme algo al respecto.
Y no sólo me lo contaron, sino que me invitaron a comer con ellos. En la misma familia hay católicos, ortodoxos, protestantes… Tienen a sus difuntos enterrados en distintos cementerios según su confesión: “Nunca hemos tenido fricciones familiares por profesar distintas religiones. La culpa de los conflictos no la tiene la religión, la tiene la política”. De vez en cuando derramaban un poco de vino en el suelo: “es para compartir con nuestros familiares”. Me sentí dentro de “a dos metros bajo tierra”.
Y los muertos aquí lo pasamos muy bien…

Que bonito, Claire…:P
Apúntate el de La Recoleta entonces. (Gemma te puede hacer un resumen)
Insisito en que escribe usted magnificamente.
Tengo tambien esta extraña atraccion por los cementerios. Y por los mercados.
Sospecho que hago lo que hacia Jung. Cuando se va a una ciudad siempre hay que ir a los mercados y a los cementerios, para ver como en esa ciudad tratan a los vivos y a los muertos.
Pues en algún que otro mercado ya he estado…
http://www.flickr.com/photos/granados/2875975016/
veo que te estas poniendo muy bien… ;) disfruta!!
besos, j ;)
Estás peor de lo que pensaba.
Secundo la opinión de JM, escribe Ud. que da envidia.
Por lo de los remansos de paz…siempre me han dado yuyu. Hasta que, en el culmen del fetichismo, nos pegamos una hora y pico de viaje en tren y un paseo de otra hora para llegar a Igualada. Uno de los cementerios más áridos que he visto, y uno de los que más me ha acogido.
He estado cotilleando en Flickr y tienes fotos preciosas. Hay cementerios que son increíbles, pero a mí siempre me han dado un poco de reparo. Será porque de pequeña viví durante muchos años con vistas a uno y no lo habré superado ;)
Perdona el tono imperativo, pero DEBES IR a Sapanta, “el cementerio feliz”.