Mis hijos me espían

26 04 2009

Mis hijos me espían, me privan de libertad.
Me esconden la priba, y el papel de fumar.
Controlan mi vida y hace tiempo que no me
dejan salir de casa después de las diez.
Putean a mis amigos, me queman los libros.
Quieren que tire todos mis discos.
No les gusta mi ropa, m chupa ni mi cassette
y en un centro de padres inadaptados me quieren meter.
Su cuarto es como un despacho, puedes encontrar libros
de economía, el ABC y el Ya.
Su ropa huele a Paco Rabanne.
Tienen novias formales que apestan a virginidad.
Putean a mis amigos, me queman los libros.
Quieren que tire todos mis discos.
No les gusta mi ropa, mi chupa ni mi cassette
y en un centro de padres inadaptados me quieren meter.





Un paseo por Ceauşima

17 03 2009

Deambular por algunas calles de Bucarest es desconcertante: no siempre existe alineación entre los edificios, el régimen de alturas es caótico, viviendas unifamiliares adosadas a un rascacielos de treinta plantas en un lado y a una basílica ortodoxa por el otro… Es difícil enamorarse de esta ciudad.

Salvo en pequeñas zonas del centro como Lipscani o Calea Mosilor, aquella leyenda de lo que pudo conocerse como el “París del Este” en el periodo de entreguerras se revela como una broma. Lo que predominan son modelos urbanísticos contrapuestos que aparecen a los ojos del recién llegado como un embrollo de diferentes arquitecturas, a menudo poco atractivas por la pobreza de los materiales empleados y la escasa conservación del patrimonio.

El aspecto actual de la capital rumana está directamente relacionado con el terremoto de 7.4 grados que asoló la ciudad en 1977. Muchos de los edificios que se levantaron después de la Segunda Guerra Mundial, colapsaron. Sin embargo casi todos los que se construyeron durante la dictadura de Nicolae Ceauşescu, resistieron. Un detalle que no pasó inadvertido a las autoridades comunistas para seguir amplificando la propaganda y derogar la Autoridad del Patrimonio Nacional, lo que acabó con gran parte del centro histórico y sirvió de excusa para impulsar la sistematización.

Aún hoy puede verse en muchos barrios bucurestinos lo que sarcásticamente se ha dado a conocer como “Ceauşima”, resultado de unir Ceauşescu con Hiroshima y que compara el aspecto de las enormes zonas urbanas derribadas por la dictadura comunista con los efectos del ataque nuclear sobre Hiroshima.

En 1984 se arrasaron en total más de 480 hectáreas, el área equivalente a un cuadrado de cinco kilómetros de ancho por uno de largo, siendo la mayor demolición a manos del hombre de toda la historia. Por el camino desaparecieron barrios enteros para erigir grandes bulevares, se demolieron arbitrariamente monumentos históricos e iglesias de todas las confesiones: ortodoxas, cristianas, protestantes, sinagogas judías… El trazado de la ciudad se alteró radicalmente y con él, la identidad de la ciudad, de la que sólo queda testimonio gráfico.

Tanta devastación tenía un único objetivo: la construcción del Centro Cívico, macroproyecto a mayor gloria del conducător: grandes bulevares al estilo de los Campos Elíseos flanqueado por viviendas para la élite comunista –aunque una vez terminadas, pocos quisieron instalarse allí-, la Biblioteca Nacional –aún hoy sin terminar-, y la descomunal “Casa del Pueblo”, hoy “Palacio del Parlamento”, que con sus más de 325.000 metros cuadrados es el edificio más grande de Europa sólo detrás del Pentágono –el más grande del mundo-. Todo muy en la línea de los delirios de grandeza con los que anteriormente Kim II Sung o Hitler oprimieron a los ciudadanos de Pyongyang o Berlin.

El Centro Cívico todavía destaca todavía hoy por su arquitectura uniforme pero sobre todo por la falta de espacios comerciales. Es difícil encontrar dónde tomar un café en determinadas zonas, ya que la mayoría de las pequeñas tiendas y restaurantes que forman el corazón de Bucarest se encuentran en las zonas inmediatamente al norte del centro. La gran cantidad de sucursales bancarias, farmacias y casinos que colman la ciudad se encuentran muchas veces en antiguas viviendas en planta baja a las que se les ha habilitado un acceso directo a la calle. Sus rótulos publicitarios son lo único que permite distinguir una avenida de otras cientos igual de grises.

Color, arquitectura y estados de ánimo
La capital rumana es una ciudad de millones de matices de gris, con mucho polvo. Y sin embargo el gris no es un color, tan sólo la transición entre el blanco y el negro. Sugiere tristeza, acaso una fusión de alegrías y penas, de transición entre el bien y el mal. Con todo, ha servido como elemento de inspiración a artistas como Nicolae Comanescu o Michel Bührer y a políticos como Marian Vanghelie para muy diferentes fines.

En las últimas elecciones locales, más de 23.000 metros cuadrados de gris fachada comunista fueron pintados de diferentes colores en Calea Rahovei, situada en la zona más deprimida de la ciudad. Con ello se pretendía invertir el dinero destinado a pegar carteles electorales en algo que revirtiera directamente en la población. Sólo fue una decisión populista, ejecutada en tiempo record, pintada directamente sobre los morteros, ladrillos o chapas existentes, sin vocación de perdurar más allá del día de soltar la papeleta en la urna… Y sin embargo, a pesar de ser las mismas moles de doce plantas de hormigón, pasear por Rahovei de repente te transporta a otra metrópoli, más alegre, menos mustia, más optimista.

Amores perros
Comenzaba diciendo que es difícil enamorarse de Bucarest, pero no es menos cierto que uno se acostumbra a dejarse sorprender cada día por contrastes insólitos, y eso crea adicción: campesinos volviendo a casa guiando su carro con un burro mientras dejan atrás concesionarios de Jaguar y Ferrari, una maraña de cables de tendido eléctrico, tranvías, y trolebuses suspendidos sobre las calles, pero sobre todo gente amable, prodigiosamente políglota y dispuesta a rebatirte todos los mitos de su ciudad en el idioma que quieras, del ruso al alemán, pasando por el inglés.





Discos rojos

11 03 2009

El 4 de marzo de 1977, un terremoto de 7.4 grados en la escala richter mató a más de 1500 personas y dejó heridas a más de 11.000 en Rumania.

Más de 35.000 edificios resultaron afectados y los daños se calcularon en más de dos billones de dólares de la época.

La peor parte se la llevó Bucarest, donde colapsaron muchos de los edificios construidos después de la segunda Guerra Mundial. Los construidos durante la dictadura de Ceaucescu resistieron, algo que se aprovechó para seguir inflando la propaganda.

Los que quedaron gravemente afectados y presumiblemente no soportarán otro meneito, tienen este disco rojo en la fachada. Muchos propietarios los quitan, ya que devalua su precio de venta.





La absenta hace que el corazón se acelere

7 11 2008

“Roma arde”, dijo mientras se servía otra copa. “Y sigo hundido hasta las rodillas en un río de mujeres”.

“Aquí llega”, pensó ella. “Otra diatriba empapada en whisky sobre lo maravilloso que era todo en el pasado. Y sobre cómo nosotras, pobre almas perdidas, nacimos tarde para ver a los Stones o para esnifar coca como ellos en el Studio 54. Parece que todos nos hemos perdido todo aquello por lo que merece la pena vivir.” Y lo peor de todo era que ella estaba de acuerdo con él.

“Aquí estamos”, pensó ella. “En la cima del mundo, en el límite de la civilización occidental. Y todos nosotros estamos tan desesperados por sentir algo, cualquier cosa, que seguimos chocando unos contra otros y jodiéndonos el camino hasta el fin de los tiempos.”


Californication 1×06





Entre flores de colores

2 11 2008

Desde que tengo uso de razón recuerdo haber visitado siempre algún cementerio el Día de Todos los Santos. Supongo que mi recuerdo no difiere mucho del de cualquier otro español: unos minutos delante de los nichos de los familiares y, por lo general, un día melancólico si te dejas sugestionar por las flores y los mármoles.

Los cementerios empezaron a fascinarme la primera vez que viajé a Italia. Tenía catorce años. Anochecía al paso por la Costa Azul francesa y de repente fueron apareciendo miles de lucecitas sobre una cruz, al lado de una lápida… una puesta de sol maravillosa y el Mediterráneo como fondo. Recuerdo que me alcé sobre mi asiento mirando por la ventanilla de atrás, intentando apurar hasta el último detalle antes de que aquella imagen desapareciera de mis ojos.

A partir de ese momento, cada vez que he conocido una ciudad por primera vez, he visitado alguno de sus cementerios: Sevilla, Salamanca, Madrid, Milán, Génova, Roma, Lisboa… ¡Se traslucen tantas cosas a través de una lápida!. Socialmente, culturalmente, las modas según los periodos históricos, …

Miré el plano de Bucarest antes de salir de casa , y descubrí cuatro cementerios situados en el cruce de dos grandes avenidas: Soseaua Giurgiului y Calea Serban Voda.

El primero en honor de los caídos en la Revolución: Cimitirul Eroii Revolutiei. Las víctimas de la Revolución, en gran número jóvenes que rondaban la veintena, están muy presentes en todas las ciudades y pueblos de Rumania, a veces incluso fuera de los mismos cementerios, en mitad de la plaza mayor en una pequeña zona ajardinada. Apenas han pasado veinte años y el recuerdo está muy vivo.

Tras éste, el Cimitirul Bellu. Uno de los más grandes y famosos del país (o eso dicen). Tropecé con la tumba de Lia Manoliu, que obviamente no sabía quién era, pero tenía esculpidos los aros olímpicos en la lápida. Me pregunto si la belleza de los millones de colores y matices se verán superados en invierno cuando la nieve lo cubra todo. Habrá que volver.

En frente el Cimitirul Israelit. El más austero, el más carente de ornamento. Y justo al lado, el Cimitirul Evanghelic-Lutheran, donde descansan los descendientes de muchos de los alemanes que comenzaron a asentarse en Rumania desde el siglo XIII.

Estaba echando las últimas fotos cuando me llamó la atención un grupo de personas que empezaban a poner cosas sobre una tumba. Preparaban el almuerzo. Había pan, vino, paté, carne… Todos reían mientras empezaban a comer, unos de pie, otros sentados entre las sepulturas. Me acerqué y, en mi pobre rumano –y cámara en ristre-, les expliqué que estaba sorprendida por lo que estaba viendo, que si podían contarme algo al respecto.

Y no sólo me lo contaron, sino que me invitaron a comer con ellos. En la misma familia hay católicos, ortodoxos, protestantes… Tienen a sus difuntos enterrados en distintos cementerios según su confesión: “Nunca hemos tenido fricciones familiares por profesar distintas religiones. La culpa de los conflictos no la tiene la religión, la tiene la política”. De vez en cuando derramaban un poco de vino en el suelo: “es para compartir con nuestros familiares”. Me sentí dentro de “a dos metros bajo tierra”.

Y los muertos aquí lo pasamos muy bien…





En casa

19 10 2008

Ayer recordaba cuando me mudé a Madrid, hace tan sólo trece meses. Salí de Atocha con una maletilla y un portátil y cogí un taxi que me llevaría a Noviciado, el primer sitio en el que viví. Al ir subiendo por el Paseo del Prado me sentía feliz, muy feliz. Me recuerdo a mi misma mirando a través de la ventanilla con los ojos muy abiertos y una sonrisa nerviosa. Sabía que esa ciudad guardaba muchas cosas buenas para mi, y las tenía más cerca que nunca. No me equivoqué.

Ayer volvía a Bucarest después de una semana de cientos de kilómetros por distintas ciudades dentro del país. Y volví a tener esa sensación. Las avenidas que al principio parecían todas grises e iguales, ahora ya tenían nombre; la rotulación de las tiendas no me parecía tan estridente, incluso era legible; los cables no eran tantos, alguien me esperaba para cenar y tenía ganas de llegar a mi casa. Hace sólo seis semanas mi hogar estaba a varios miles de kilómetros de aquí, pero hoy ya me siento en casa. El sol baña mi salón y Peyroux suena mejor que nunca.





El barrio donde habito…

14 10 2008

… no es ninguna pradera,

desolado paisaje de antenas y de cables.





Pequeñas cosas que hacen que la vida (dentro de un taxi) merezca la pena

13 10 2008

11:35 Otopeni (Bucarest, Rumania)

S: “Sector trei”

T: Da!

S: Sí mamá, acabo de bajar del avión, estoy en un taxi, para variar. Sí todo bien. No, no he conseguido hablar con ella. ¿Puedes darme el número de Buenos Aires?. Ok, gracias. Hasta mañana. Adios.

T: Are you spanish?

S: (qué remedio) Eh… sí… disculpe tengo que hacer otra llamada.

Intento mirar cuánto marca el taxímetro… pero… ¡no hay taxímetro!

S: Esto… disculpe que me entrometa yo en lo que es su modo de ganarse la vida y tal, pero… ¿dónde c*ñ* está el taxímetro?

T: Ah, no te preocupes, no hay, pero no te va a costar tanto

S: ???

T: Sólo 120 LEI

S: 120 LEI? Pagué 40 el jueves para venir al aeropuerto. No te voy a pagar 120 LEI.

T: A mi el aparcamiento me cuesta 20 LEI

S: No es mi problema. Te voy a dar 40 LEI, si no estás de acuerdo, para el taxi y me bajo.

T: 40 LEI?, 100 LEI me parece algo más justo.

S: Pare el taxi

T: Ok, no te enfades…

Abre la guantera y tachaaaaan… aparece un taxímetro con ventosas en su parte inferior.

T: ¿No querías un taxímetro? Ahí lo tienes.

S: XDDDDDDDDDDD.

T: Muchas gracias! Me ha hecho usted muy feliz.

(Finalmente me costó 50 LEI. Y sí, en Rumanía, además de taxis, hay otras cosas, pero con tanta carrera no me da tiempo a ver nada.)





Matei (sí, otro taxista)

9 10 2008

Servidora: “Buna sera. Aleea Alexandru”
Taxista: Ok. No eres rumana, ¿verdad?
S: (Usté tampoco es de Écija y yo no le digo nada). Nu, eu nu sunt romana.

Como es obvio que mi rumano no da para mucho más, el tipo sigue en inglés.

T: Eres española, ¿verdad?. Yo he ido mucho a España.
S: ¿Has trabajado allí?
T: Señorita, los rumanos no vamos a España sólo a trabajar.
S: Perdone…
T: Iba con la selección nacional de judo. Ya no compito aunque sigo practicándo. Ahora vuelvo de vez en cuando a pescar en Castilla León
S: Aham… (???)
T: Aquí pesco en los lagos, pero me gusta más hacerlo en España, por 600 euros te pegas una semana estupenda allí.

En ese instante se pone a nuestra altura un Rolls Royce. Desde la luna trasera vemos el TFT que van visionando desde su interior

T: ¿Ha visto ese coche?
S: Sí, ya he visto más de uno. Hay gente con mucho dinero por aquí.
T: Sí, todos son antiguos militares y políticos del régimen, que trincaron mucha pasta cuando se privatizaron algunas de las empresas estatales. Pero vamos, que el que va en ese coche es un mafioso. Que lo sepa usted. En ese y en todos los coches caros que vea por aquí.
S: Ya veo…
T: ¿Sabe usted? La dictadura aquí tuvo cosas buenas. En general todas lo tienen. Cosas buenas sobre el papel, pero difíciles de aceptar por el pueblo. Por ejemplo, cuando yo era pequeño, el colegio era obligatorio, y si un padre no llevaba a sus hijos, era encarcelado. La educación era muy buena, aprendíamos inglés, francés, ruso y alemán. Ahora la educación es una mierda.
S: Si yo le contara lo que se cuece en otros lares…
T: Yo es que soy muy nacionalista ¿sabe usté?
S: Bueno, ya hemos llegado
T: Oiga, tome mi tarjeta y le sigo contando la historia del país, que usté tiene mucho que aprender
S: Gracias, gracias…





Sandu

4 10 2008

Tengo una reunión y me dispongo a coger un taxi. Antes de subir, hay que decirle al taxista hacia dónde vas, porque es posible que te diga que “no está en su trayecto” y no quiera llevarte.

Servidora: “Buna ziua. Piata Dorobanti?”

Taxista: Da!

(Es obvio que no soy rumana, así que me aborda en italiano)

T: ¿Hablas italiano?

S: Sí, claro que sí, pero no soy italiana

T: ¿Española?

S: Sí…

T: Tengo una hija en España que da clases de inglés en Barcelona

S: ¿Y cómo que hablas italiano?

T: Estuve trabajando en el norte de Italia un par de años, con un camión. Tengo otro hijo que es abogado, ¿sabe?

S: Aham…

T: ¿Y hace mucho que estás en Rumanía?

S: No mucho, la verdad

T: ¿Te gusta Rumanía?

S: Sí, me ha sorprendido positivamente

T: Si supieras cuánto ha cambiado Rumanía…

S: ¿Sí? ¿Ha cambiado mucho?

T: Uhhh… muchísimo. Hace unos 30 años, cuando poníamos la tele, escuchábamos durante horas y horas “¡Viva Ceaucescu! ¡Viva Rumania!” y sólo podíamos follarnos a nuestras mujeres en una posición… (decía mientras gesticulaba con las manos dándome a entender la postura del misionero)

S: ¡Jajajaja!, ¡no me diga!

T: Sí, pero afortunadamente aquello terminó y pudimos empezar a dar por detrás a nuestras mujeres

S: ¡Jajajajaja!

T: La primera vez que le di la vuelta a mi mujer me dijo: ¡Pero Sandu! ¡que me estás haciendo!, ¡¡¡que yo no soy ninguna puta!!!

S: ¡¡¡JAJAJAJAJA!!!

T: Por cierto, mi nombre es Sandu

S: Encantada

T: Me gusta mucho mi mujer, después de veinticinco años casados todavía sigue dura…

Seguimos hasta mi destino y mientras me dice que además del taxi tiene un bar, y que me invita a conocer a su familia y amigos.

T: Ahí en el ticket tienes mi teléfono

S: Sí, sí… gracias… hablamos…